Cuatro razones -que no suelen pasarnos por la cabeza- para ir a votar
¿Importa quién gobierne? ¿Para qué votar? Usualmente, el llamado se vincula con la responsabilidad cívica o la defensa de cosas abstractas que no se comen. Sin embargo, quién nos gobierna tiene mucho que ver con nuestra vida cotidiana. Para “salir de la caja” un poco, pensemos cuatro preguntas que involucran al próximo gobierno, afectan el día a día y bien pueden valer el ratito de un domingo de febrero para salir a votar.
¿Me puedo desayunar un pinto?
Mi tata decía que arroz y frijoles revueltos se come en muchas partes, pero el gallo pinto se bautizó en Tiquicia. Y su precio no depende solo del pulpero, sino de muchas acciones de una “mano visible”. Un gobierno puede priorizar que se importe y otro que se siembre en casa; ambas cosas tendrán costos distintos y beneficiarán a grupos diferentes. Hoy el gallo pinto es caro y más del 85% del arroz es importado. Eso da lugar a inseguridad alimentaria, pues mi desayuno depende del clima, la guerra y las políticas comerciales de otros países, que terminan afectando mi bolsillo. Aun en tiempos de precios bajos, las familias ticas en condición de pobreza destinan el 37% de sus ingresos solo a poder comer. Un gobierno puede meterse en mi desayuno, pero aún más: tendrá que enfrentar que hoy, en Costa Rica, a más de 300 mil personas no les alcanza el ingreso para comer.
¿Puedo ir la playa a fin de año?
Cuando rompen los vientos del norte y se despejan los cielos, aparecen paraísos en esta Costa Rica que se viste con 57% de cobertura forestal, lejos del cemento, las presas y el humo. Queremos bosque, mar, naturaleza. Pero dónde ir (o no ir) tendrá mucho que ver con quién gobierna, así como el futuro de ese tesoro. Primero, hay que tener plata. Para el 40% de personas trabajadoras, que tienen empleos informales, ahorrito y vacaciones pagadas está duro. ¿Mujer, joven?: aún más duro. Además, los sitios turísticos se han vuelto más costosos, tanto para locales como para turistas. En algunas zonas del Pacífico, la expulsión de ticos y ticas ya es realidad. Y cuidado, también puede cambiar la belleza: en Gandoca, donde la cuarta parte del bosque es privado, ya hay talas sin permiso. Al elegir, definimos quién y cómo se protegerá a la naturaleza, a la población y las condiciones de vida para que ese entorno verde sea cuidado y sea de todos y todas.
¿Me podría dar una caminadita nocturna?
Del gobierno que elijamos dependerá un paseo; sea por la ciudad, por la costa o el campo. No hay muchos espacios públicos, el transporte es un desastre y hay que atreverse a salir de noche en los años más violentos de la historia. Lo que haga el país, desde sus autoridades hasta la ciudadanía, decidirá si se extiende el período de mayores tasas de homicidios registradas, con fuerte presencia del crimen organizado y el narcotráfico, víctimas colaterales y una respuesta estatal insuficiente. Se definirá pronto qué propuestas llevan a un mejor entorno urbano, un transporte sostenible y, ante todo, una política de seguridad que no se enfoque solo en castigar sino, principalmente, en crear las condiciones sociales, educativas, culturales y laborales para que las personas estén mejor, las comunidades sean más sanas y el crimen organizado no encuentre el caldo de cultivo que hoy le abre las puertas, sobre todo entre la población joven.
¿Me puedo quejar de la persona que elegí?
El voto no solo decide quién gobierna: también define qué derechos tendremos para reclamarle. La gente tiene enojos, presentes y pasados, con los gobiernos: falta de soluciones, actos de corrupción, abandonos. Podremos quejarnos en democracia: libertad de expresión, prensa independiente (de un lado y del otro), un Poder Judicial independiente, entidades de control entre poderes que vean las “manos peludas”. Un país que silencie las voces y elimine equilibrios llevaría a gobiernos sin control, y traerá consecuencias ante el simple acto de “no estar de acuerdo”. Cuando elegimos, decidimos cómo seremos parte del diálogo, del acuerdo y de la construcción nacional de un futuro que nazca de la pluralidad de ideas.
En la primera ronda de 2018, solo el 16% de todas las personas que podían votar escogió al presidente. En 2022, solo el 10%. Eso va de picada. En la próxima elección, un grupo aún más pequeño podría definir cosas claves para mi vida cotidiana: opinar, exigir cuentas, proponer, marchar, publicar, descansar, respirar aire puro, comer, ir al trabajo, tener un trabajo… Nuestra principal forma es, precisamente, ese par de minutos en la urna. Ahí no solo escogemos un nombre: definimos en qué manos dejamos el pan (o el pinto) de cada día, el desarrollo humano y la libertad.
Nota: las cifras o datos provienen del Informe Estado de la Nación, varios años.
Lectura crítica: Manuel Alfaro Alfaro, Marco Hidalgo Ramírez, María Jesús Merino Acuña, Evelyn Villareal Fernández.